La IA en la educación

Profesores de secundaria.

EN 2016 Geoffrey Hinton, uno de los padres de la “Inteligencia Artificial” (IA), dijo que era momento de dejar de preparar radiólogos porque era obvio que en breve habría sistemas que interpretarían mejor las imágenes que cualquier especialista, y que evidentemente se iban a quedar sin trabajo la mayoría de quienes se dedicaran a esa profesión. 10 años después, eso no ha sucedido y el trabajo humano sigue siendo tan necesario como entonces, de hecho reportes de empleadores mencionan que por el contrario se han contratado más especialistas. La ventaja que le ha dado la IA a esta actividad de diagnóstico es que el radiólogo se puede ocupar menos de las cuestiones técnicas de su profesión y más a la interpretación de las imágenes, y al trabajo colegiado.

Es decir que la IA lejos de suplantar al ser humano lo que hizo en este caso concreto fue mejorar su desempeño y humanizarlo más.

Los adelantos científicos y tecnológicos suelen despertar pasiones. Frente a la aparición de la IA en actividades cotidianas para el público en general, porque ya ha estado presente en múltiples actividades especializadas desde muchos años atrás, suele haber dos tipos de reacciones: quienes la satanizan y dicen que por la IA los seres humanos seremos desplazados, que la IA se apropiará de nuestras conciencias, o que los alumnos dejarán de aprender, entre muchas otras reacciones. Y por otro lado quienes las idealizan y la consideran el futuro inevitable, no hablan de otra cosa y organizan todo tipo de eventos, mesas redondas, congresos y convenciones, porque “es lo de hoy” y para allá va la humanidad toda.

Polos opuestos ante la misma realidad, polos errados a juicio del suscrito, euforia positiva o negativa que no comparto. La IA no acabará con la humanidad, ni con la educación “si no la prohibimos en los salones”, y tampoco será la panacea. En nuestra labor educativa yo la concibo como una herramienta tecnológica más. Evidentemente que es tremendamente poderosa, admirable, francamente espectacular. Pero jamás suplantará la labor de un verdadero maestro de matemáticas o de arte que sabe que su función va más allá de enseñar su área de expertise.

No es la primera vez que nos enfrentamos a un reto así. Recuerdo que de niño había un gran sector del a población, padres de familia, que se negaban a tener televisión en casa, “la caja idiota” le decían. Hoy lamentablemente vemos cómo en muchos hogares

Ese maravilloso aparato se usa de niñera por horas y horas. Polos opuestos de la misma realidad otra vez.

Hace menos años aparecieron las tabletas y muchas instituciones educativas optaron por desplazar libros y cuadernos, y apostar como único material de apoyo a esa tableta… nuevamente una reacción eufórica ante un gran aporte tecnológico, pero que se le atribuyen más propiedades que las que en realidad tiene. Y se omiten los riesgos y limitaciones que evidentemente tiene.

En los salones de clase no podemos adoptar la actitud de estar “contra la IA” sino “con” la IA. Las herramientas como esa y todas, hay que usarlas en beneficio de los alumnos. Nuestra postura como maestros es sí conocer la IA, y saberla usar en beneficio de nuestro propio trabajo y de nuestros alumnos.

El maestro seguirá siendo indispensable, por ejemplo, para transmitirle al alumno criterios éticos y morales en el uso de la IA. Así como para enseñar la técnica para sacarle el mejor provecho.

Debemos proporcionarles a los alumnos los recursos para identificar una imagen falsa creada con IA a una verdadera. Y no me refiero a herramientas técnicas, sino a la aplicación del conocimiento, del sentido común y de la verdad científica. Un alumno con cultura y criterio será mucho menos probable que sea víctima de un engaño de la IA.

La aparición del smartphone sí que transformó la forma en la que nos comunicamos, nos relacionamos, en cómo pasamos el tiempo de ocio, hacemos trámites, aprendemos e investigamos, entre muchas otras cosas. Pero la humanidad continúa en esencia igual, tratando de resolver el día a día entre lo bueno y malo, entro lo conveniente y lo inconveniente. Pienso que con la IA no será distinto.

Dediquemos esfuerzos, lecturas, cursos, talleres a conocerla y aprender a usarla. Pero con la conciencia de que en el mundo educativo hay aspectos más relevantes que también debemos atender. Y siempre con la convicción de que se trata de un aliado en el desarrollo de nuestra labor educativa y no un sustituto de la labor docente ni de investigación.

Para ello me permito sugerir los siguientes criterios:

No ser detractor ni admirador a ultranza, sino convertirse en un usuario de la tecnología aprovechándola lo mejor posible en la actividad profesional, en ese caso en la docencia.

Pongamos el mismo esfuerzo docente a enseñar a nuestros alumnos a pensar, a sentir, a socializar. Ningún avance científico o tecnológico puede suplantar la convivencia en el proceso enseñanza aprendizaje y sus múltiples aspectos positivos.

A nivel secundaria y preparatoria especialmente los alumnos están aprendiendo a relacionarse, a manejar sus emociones, sus pasiones, sus relaciones y sus sentimientos… la IA en este aspecto es mucho menos útil que un acompañamiento, una reflexión, un abrazo o un coscorrón (en sentido figurado).

Manejar en la escuela que el uso de la IA sea en su beneficio aportando criterios éticos.

Aportar elementos y capacidades para que el alumno sea hábil en identificar un texto, una imagen o un video reales o creados por la IA.

Frente a la IA ni miedo, ni quedar alucinado; lo que corresponde es conocerla, entenderla y usarla para que nuestra labor docente sea más humana.

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